Sigo queriendo, anhelando, soñando. Y leo hasta dejar el móvil sin apenas batería tus mensajes de buenas noches, y de buenos días, aunque esos eran más literales. Y sonrío y me acuerdo de TU RISA , y del recorrido de tus dedos por mi mejilla; y suena el teléfono y echo carreras con el aire hacia mi fijo alámbrico, y paso por esa calle y ahí te veo, esperándome, muerto de frío, y me ves, y se te dibuja una perfecta sonrisa, y esa mirada de complicidad; y te levantas, y llevas esa camiseta que tanto me gustaba, que tanto me gustaba quitarte. Y me doy cuenta de que tan sólo hay sesenta minutos y unos cuantos pares de kilómetros entre tu boca y la mía.
Y , créeme, me parece hasta poco.
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